En Quiza company nos apasionan sus proyectos y en lugar de ver desde la «banca» pasar proyectos, nos comprometemos a brindar la milla extra.
A través de mi experiencia como colaborador en una organización (hace años) y ahora como CEO de QUIZA company, he notado dos tipos de personas.
Y es que en toda organización desde una pequeña empresa hasta una gran corporación— existen dos tipos de personas: los espectadores y los aportadores. Ambos están presentes en cualquier equipo, pero solo uno de ellos construye valor, genera oportunidades y avanza con firmeza hacia un futuro profesional más grande.
Ser espectador es sencillo. Ser aportador requiere carácter. La pregunta es: ¿dónde eliges estar tú?
El espectador: el que observa, critica y se queda quieto
A simples características te puedo decir que:
- Llega, cumple y se va.
- Espera instrucciones para todo.
- Opina, pero no propone.
- Señala errores, pero no ofrece soluciones.
- Ve problemas, pero no toma acción.
Y este tipo de actitud genera estancamiento, por que el espectador vive en una especie de “modo automático”, donde lo único que hace es ver pasar oportunidades, ascensos, proyectos o reconocimientos… como si fueran parte de una película en la que él no actúa.
Lo peor de ser espectador es que terminas siendo reemplazable, porque no generas impacto ni dejas huella.
Ahora bien El aportador: el que suma, crea y transforma
El aportador es completamente distinto. No necesita un título para tomar liderazgo. No requiere aplausos para actuar. Ve un problema y lo convierte en una propuesta. Ve una necesidad y la transforma en una oportunidad.
Un aportador hace a simples palabras lo siguiente:
- Piensa en el “cómo sí”.
- Propone mejoras.
- Resuelve antes de que le pidan resolver.
- Cuida el entorno, al equipo y al cliente.
- Ve su trabajo como una extensión de su compromiso personal.
El aportador no es perfecto, pero tiene una virtud clave: la intención constante de sumar.
Quien aporta se vuelve valioso, visible y difícil de reemplazar. Los líderes lo notan, los clientes lo agradecen y su propio crecimiento lo confirma.
Recuerda que u trabajo es un reflejo de ti, no de tu puesto.
Ser aportador no tiene que ver con el rol que ocupas, sino con la mentalidad que adoptas.
Puedes ser aportador desde un puesto básico o espectador desde un puesto alto. Al final, la actitud siempre define la calidad de tu trabajo y tu futuro profesional.
La pregunta no es quién eres hoy, sino quién decides ser mañana.
¿Quieres crecimiento real? Aporta más de lo que se espera
En un mundo profesional donde muchos hacen lo mínimo, destacar es más sencillo que nunca:
- Ofrece soluciones.
- Trae ideas nuevas.
- Anticipa problemas.
- Aprende constantemente.
- Sé confiable, constante y disciplinado.
El crecimiento no lo da la suerte: lo da la aportación diaria, silenciosa y constante.
Mis mejores deseos, Dr. David Quiza
