Vivir en plenitud no es un estado, es un proceso donde entender que somos más de lo que hemos hecho o conseguido. Es lo que traemos con nosotros, es apreciar nuestra mágica esencia y comprender que somos un bien muy preciado.

Vivir en plenitud es posible gracias a la valoración de lo que tenemos, con todo lo vivido y con lo que somos. Ahora bien, el arte de sentirnos plenos nos capacita también para ser emprendedores, exploradores de mejores caminos al sentirnos habilitados por la experiencia, el amor propio y la seguridad personal. Pocos estados psicológicos son tan enriquecedores como poderosos.

Decía el poeta T. S Elliot que la plenitud que ansía el corazón humano siempre está disponible. Sin embargo, no la vemos. Aún más, tampoco sabemos cómo alcanzar esa dimensión porque en muchos casos no alcanzamos a entender un aspecto clave: la plenitud fluye en nosotros solo cuando nos vaciamos.

Hablamos de dejar ir la ansiedad por no tener ciertas cosas, para darnos cuenta de que tenemos más de lo que pensamos. Apagar el miedo por perder ciertas dimensiones, personas u objetos para descubrir que a veces se está mejor sin muchas de esas realidades. La plenitud es, al fin y al cabo, un despertar y, ante todo, una toma de conciencia sobre quién somos para vivir con mayor equilibrio.

Suele decirse aquello de que esta dimensión llega en cierta etapa de nuestro ciclo vital, que es producto de la madurez. En los últimos años se está poniendo la atención en esa década comprendida entre los 50 y los 60 cuando el ser humano, supuestamente, alcanza mayor grado de bienestar psicológico. Bien, cabe decir que en tema de edad nada es absoluto.

Cuáles son las claves para vivir en plenitud?

Vivir en plenitud es lo opuesto a vivir en el vacío. Este último estado se experimenta cuando crece el desánimo, la angustia, el miedo y la sensación de soledad. Queda claro que, de algún modo, siempre estaremos lidiando con estas realidades psicológicas; sin embargo, la persona que trabaja a diario su plenitud está mejor habilitada para manejar esas situaciones.

Por tanto, veamos cómo alcanzar y desarrollar esta dimensión.

No eres lo que haces, eres lo que llevas en tu interior

Rara vez nos hacemos esta pregunta: “¿qué es lo que traemos en nuestro ser?” A menudo, solemos definirnos a nosotros mismos por lo que hacemos o lo que hemos vivido (yo soy enfermera, yo soy mecánico…). Ahora bien, para vivir en plenitud haríamos bien en tomar conciencia de aquello que llevamos en nuestra personalidad y que nos define:

Yo soy pasión, soy esperanza, optimismo, soy determinación, yo llevo conmigo mi compasión como enfermera, yo llevo mi amor por mi familia, llevo la satisfacción por lo que soy y he conseguido….

Vivir en plenitud no es un estado, es más bien un proceso y ante todo una actitud. Es tener muy claro qué es lo que llevamos en nuestro interior y, con ello, sacar el máximo partido del presente, al aquí y ahora.

Si llevamos pasión, conectemos con nuestra realidad para disfrutar de ella. Asimismo, si llevamos el afecto cuidemos de los nuestros, conectemos con nuestros seres queridos en el momento presente. Si nuestro interior se define por la curiosidad, el aprendizaje y la experiencia, aprovechemos cada segundo para seguir experimentando y sintiendo la vida.

Se trata como vemos, de alcanzar una armonía entre lo que somos y lo que hay a nuestro alrededor. Vivir en plenitud no es lamentar lo que nos falta o sufrir por lo que nos sobra. Es sentirnos capacitados para aceptar lo que no se puede cambiar, tener valor para transformar lo que sí puede cambiarse y seguir progresando sin perder ese equilibrio personal.

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