Todos tenemos limitantes cuando se trata del dinero, seamos conscientes o no. Aquí cómo identificarlas y avanzar para tener una vida abundante financieramente hablando

i bien el sesgo de negatividad era útil cuando huíamos de los depredadores, en la vida moderna puede causarnos algunos problemas. La escasez está relacionada con nuestro sesgo de negatividad porque se trata de la creencia de que no hay suficientes recursos para todos. En ese sentido, el dinero se vuelve una lucha por conseguir, una tendencia a escatimar y a acaparar lo que es nuestro.

Sin embargo, una mentalidad de escasez impide que alcancemos muchas de nuestras metas, mientras que una mentalidad de abundancia –la cual se basa en el paradigma de que hay mucho para todos– podría ser mucho más benéfica en términos financieros e incluso emocionales.

¿Consciente o inconscientemente tienes mentalidad de escasez y quisieras cambiarla por una mentalidad de abundancia? Estos tips te pueden ayudar a averiguarlo y a hacer algunos cambios, si es necesario:

Tal vez tu relación con el dinero, el ahorro o el despilfarro tienen una raíz emocional en tu pasado. Intenta hacer una reflexión profunda para comenzar. Trata de recordar cómo fue tu crianza y, sobre todo, trae a la mente algún recuerdo incómodo relacionado con el manejo del dinero, esa es una muy buena forma de comenzar a tomar el control de tu relación con él.

Desaprende de los demás

Lo que aprendiste sobre el dinero en etapas anteriores de la vida configuran la persona que eres hoy, pues afectan cómo te sientes, la forma en que actúas y los resultados que obtienes.

Una mentalidad de escasez en torno al dinero puede crear ansiedad y confinarte a limitaciones basadas en el miedo. Esto puede llevarte a un círculo vicioso en el que solo tratas de contenerte a ti mismo para evitar un problema.

Los especialistas sugieren desaprender cualquier pensamiento negativo sobre el dinero para alcanzar tus metas financieras y el primer paso es conocerte mejor a ti mismo. Practica escribiendo esas experiencias y con el tiempo serás capaz de identificar patrones. Si lo prefieres, trata el tema con un profesional en terapia, el punto es identificar los hábitos aprendidos de los demás que has adoptado como propios para empezar a hacer diferentes las cosas.

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Enfócate en lo que tienes

Si piensas cambiar de carrera o de trabajo ¿eres de los que piensa, pero “no hay mucha competencia” o “no hay suficiente campo de trabajo”? Esas son ideas basadas en lo que no tienes y una mentalidad de escasez ve limitaciones en lugar de oportunidades. 

La solución: procura ver el vaso medio lleno, o sea piensa en tus experiencias y habilidades, en aquello que te podría dar una ventaja si decides dar el salto. Incluso un despido es una buena oportunidad para dejar atrás la autocompasión y darle el rumbo que quieres a tu vida profesional, tú decides con qué ojos ver el entorno.

Rodéate de gente con mentalidad de abundancia

Se dice que las personas y cosas que nos rodean provocan un efecto en nuestro bienestar, pueden ayudarnos a vivir mejor o convertirse en agentes nocivos. Pregúntate cómo es la gente con la que pasas la mayor parte del tiempo. Si detectas que no te gustan, comienza a relacionarte con personas cuya vida sea una fuente de inspiración para ti.

Incorpora la gratitud a tu cotidianidad

Practicar la gratitud es uno de los métodos más reconocidos para mejorar el bienestar general, incluso se han hecho estudios para investigar este tema y se ha encontrado que la gratitud mejora el bienestar físico, mental y nos ayuda a sentirnos más felices. Una excelente práctica en este sentido es escribir todos los días cinco cosas por las que te sientes agradecido. Toma nota y descubre que hasta las cosas más pequeñas y aparentemente insignificantes son las que te hacen muy feliz y rico.

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Entrena tu mente para ver las posibilidades, no los límites

Una mentalidad de abundancia te permite ver más en tu vida: más opciones, más recursos. Si te dices a ti mismo “no puedo hacerlo” o “es imposible”, cualquier otro pensamiento que te contradiga será descartado. Lo mejor es que empieces a entrenar tu mente para dejar atrás ese enfoque negativo y en su lugar crear una conciencia expandida de lo bueno que podría suceder. Solo te advertimos que no es tan fácil como parece.

Dale un objetivo a tu dinero

Debes tener una intención con tu dinero. Si no tienes un objetivo específico con una cantidad específica, nunca sentirás que tienes suficiente. Tómate un tiempo para averiguar qué quieres lograr financieramente hablando, traza objetivos específicos, alcanzables y que puedas medir a partir de tu situación actual. Aprender a hacer un presupuesto será fundamental (y no es nada del otro mundo, solo requiere un poco de concentración y compromiso, pero te lo mereces y el esfuerzo rendirá frutos). Este paso te ayudará a saber que el vaso no está medio vacío, sino que tendrás que moverlo hacia el garrafón correcto para rellenarlo, justo como lo deseas.

No hagas del dinero tu identidad

Una cosa es empezar a construir una relación saludable con el dinero y a partir de ahí generar un patrimonio —lo cual favorece tu autoestima— pero no debes ligar ambos conceptos por completo. Que tus finanzas no se vean bien no quiere decir que seas un fracaso y tener una gran cuenta bancaria tampoco te convierte en “alguien importante”. Tu identidad va mucho más allá del dinero, necesitas ser consciente de ello para no autocolocarte en un estado de vulnerabilidad. Todo debe estar en equilibrio.

Si te enfocas en la escasez, esa será tu única experiencia con el dinero. Trata de dejar atrás esa mentalidad y cámbiala poco a poco por una de abundancia, concéntrate en hacer más, tener más y ese será tu resultado.

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