Hablar de los demás y hacer juicios es una práctica habitual. A veces lo llamamos opinar, otras directamente criticar. Nos basta un comentario o una acción que consideramos inapropiada para manifestar nuestra forma de pensar.

En este artículo, reflexionamos sobre los juicios que hacemos, cómo manifestamos nuestra forma de pensar y cómo lo que decimos habla de nosotros, más que del otro.

La integración de las polaridades nos permite experimentar otra realidad, que no está definida por nuestro posicionamiento y, por tanto, que está libre de juicios y de culpabilidad.

¿Qué es un juicio?

Según la Real Academia Española un juicio es una opinión razonada que alguien se forma sobre una persona o una cosa. Pero realmente, ¿todos nuestros juicios son razonados? ¿Conocemos en profundidad a la otra persona, qué le motiva y qué necesita realmente? Y, lo más importante, ¿en qué me baso y con qué intención la estoy juzgando?

Tipos de juicios

Además de los pertenecientes al Tribunal de Justicia (penales, civiles, orales y administrativos), tenemos los juicios de valor, presentes en nuestra vida cotidiana.

Cuando realizamos una valoración o crítica, nos basamos en unos determinados criterios, normas o modelos, al igual que en nuestra cultura y experiencia. Por lo tanto, implica una valoración basada en nuestro sistema de valores y creencias. Se caracteriza por ser  subjetiva y con frecuencia dicotómica, por ejemplo: bueno – malo.

La connotación negativa del juicio

El hecho de juzgar, es tan antiguo como la humanidad misma y está presente en todas las culturas. Siempre se ha considerado malo, porque alberga una connotación negativa: la maledicencia

El término maledicencia se relaciona con la acción o hábito de hablar en perjuicio de otra persona, y señalan la envidia como una de las causas principales de esta actitud.

“De la envidia nace el odio, la maledicencia, la calumnia, el chisme y la alegría causada por el mal del prójimo”.

 Jorge Luis Alcázar del Castillo

Las siguientes frases de sabiduría ancestral nos muestran que el acto de juzgar es muy antiguo y, al mismo tiempo, que la reflexión sobre sus motivaciones y consecuencias está presente en todas las tradiciones:

“Guarda tu lengua del mal y tus labios de decir mentira; apártate del mal y haz el bien, busca la paz y anda tras ella” (Torá, Tehilim 34,13-15).

Con aprecio de tu amigo David Quiza.

Fuente – Internet

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