David Quiza

Cuando era niño estaba en los scouts, ahí nos enseñaban la importancia de la buena acción, que consistía en realizar actos generosos y nobles, como recoger el papel en la calle, ayudar al prójimo a cruzar la calle entre otras cosas.

(Si te interesa verlo en video esta es la dirección):

Un día caminaba por la calle y vi a un perro atropellado, tenia sus patitas traseras dañadas, era imposible que por el solo se levantara.

Ahí vi una oportunidad para hacer una buena acción y como buen boy scouts detuve el tráfico. Me dispuse a rescatar al perro herido y poner lo a salvo para después entablillar las patitas, nunca había entablillado a nadie pero el manual de los boy scouts decía como hacerlo.

Al momento de tomar al perro me clavó los dientes en la mano derecha, inmediatamente me llevaron al hospital y me inyectaron contra la rabia, durante mucho tiempo no entendí por que aquél perro que había ayudado me había mordido, si solo quería salvarlo y no hacerle daño.

Yo quería ser su amigo, pensaba curarlo bañarlo y cuidarlo con mucho amor, esta fue la primer decepción por intentar hacer el bien, aunque en aquel entonces no comprendía por que me había pasado.

Pasaron muchos años y por asares del destino, me di cuenta que cuándo yo era niño no era el perro quien me mordió, quien me mordió fue su herida.

Ahora lo entiendo perfectamente, cuando alguien no tiene paz, su alma esta herida y recibe amor o buen trato, esa persona es quien muerde, entonces comprende el malestar de quien te rodea, cuando alguien te ofende, te critica, no lo hace por que te quiere un mal, si no por que esta herido en el alma, algo mal esta pasando por su vida, no te defienda y no critiques, mas bien compréndelo, acéptalo y sigue adelante.

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