Toda mi vida he trabajado, tengo 3 hijos – de los cuales 2 son cuates- mi trabajo siempre ha requerido hacer muchos viajes, amo tener perros, hago ejercicio, genero contenido en redes, pienso el menú de la semana, me encargo de la ropa limpia, la tintorería y el super, chofereo a mis adolescentes, agendo chequeos médicos, hago trámites administrativos del hogar, y sí, ¡generalmente me siento muy cansada!

¿Te suena? ¿Te identificas? A esto se le conoce como el síndrome de la mujer agotada y aunque no está clasificado como una enfermedad, juega un papel importante en la salud mental de las mujeres. De hecho, en Inglaterra, el Servicio Nacional de Salud ya usa el término TATT para describirlo (que significa ‘Tired all the time, ‘cansadas todo el tiempo’).

Este síndrome aparece sobre todo en mujeres que combinan su trabajo fuera del hogar con el trabajo dentro del hogar, la educación y el cuidado de personas enfermas, adultos mayores, hijos, etc. 

De hecho, la OCDE (2021) señala que las mexicanas realizan más del 75% de los quehaceres en casa, dedicando el doble de tiempo que los hombres. Si analizamos la dupla de tener trabajo en casa en combinación con el trabajo remunerado, inevitablemente podemos concluir que esto provoca desgaste físico, emocional y mental.

Pese a la creciente participación femenina en el trabajo, esta se ha visto poco correspondida por una mayor participación masculina en labores domésticas y de cuidados no remunerados al interior de los hogares.

¿Qué podemos hacer entonces?

1.    Educar a nuestros hijos/hijas/hijes en hogares donde todos somos corresponsables

2.    No sentirnos culpables por hacer pausas, o por dedicarnos momentos de descanso

3.    Pedir ayuda si es necesario y dejar de seguir creyendo que tenemos que hacer todo

4.    Generar acuerdos de trabajo no remunerado en el hogar con nuestras parejas

5.    Apostar por nuevas masculinidades y crianza compartida

También debemos de entender que este trabajo no sólo corresponde a las familias, se necesita de la participación del Estado, empresas, comunidad y sociedad en general.

Implementar políticas públicas que visibilicen la economía de cuidados, etc. Pero mientras todo esto ocurre: ¡Mujeres cuidemos nuestra salud física y mental!

Fuente:

Grisell Sordo Consultora de Género y Diversidad | Experta en liderazgo femenino.

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